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La Elección de un Actor

El arte se genera por personas que sienten una compulsión por pintar, escribir o filmar.
Ese estallido nace a partir de las experiencias de vida. De esa manera es que se hacen películas, sobre todo en nuestro país.

A propósito de la discusión de “la ley del actor”, no puedo abstraerme y entiendo que la sensibilidad de una película debe ser una con el contenido, por ende es ineficaz la presión, la obligación, las reglas para algo que se parece al arte, a ese estallido que nace por el deseo de las imágenes.

Ken Loach, plantea que “el cine siempre tiene que ver con posibilitar que las personas sean quienes son, que se revelen”. Podría traducir esta frase en que “actores profesionales” o no, logren revelar una verdad, una sensibilidad, pero aquello debe nacer del deseo por contar una historia, del deseo por generar un momento cinematográfico, no por el designio de una ley, por la presión de una regla.
Revelar una verdad es tan complejo para un un “no actor” como para un “actor profesional”. Es completamente difícil actuar la sorpresa, incluso para un actor brillante. Esa es la labor de un director, la de sacar de sus actores (profesionales o no) ese momento de revelación.

Hay tantas historias como sensibilidades, por ello reglas para el arte cinematográfico son estacas en el corazón. No hablo del materialismo puro del comercio cinematográfico, hablo sobre todo del ejercicio creativo, de “tener libertad creativa para hacer algo que siente que debe hacer”, como lo dicen Julio Medem.

Elegir a un “actor profesional” o a un “actor no profesional” es parte del ejercicio creativo, parte de la explosión generadora de ideas. Es igual a elegir un campo visual, una idea temática. Pertenece a la intimidad de la creación. Pertenece única y exclusivamente a quien piensa cinematográficamente.

Mi primera película, “180 Segundos” (2012) tuvo un 100% de actores profesionales. Tanto profesionales licenciados en arte dramático, como profesionales de oficio. La elección de éste tipo de actores tuvo que ver con las necesidades de la película. Fue una decisión. El resultado me dejó satisfecho, se hizo un buen trabajo y aún hoy confío en esos actores por el hecho básico que lograron revelar los personajes que había escrito. Nunca pensé en si era o no profesionales, buscaba personas que se conectaran con aquellos personajes.

Mi segunda película “Destinos” (A estrenarse en Septiembre 1º 2016), volví a trabajar con algunos de los actores de la primera película, ahora buscaba confianza y la había logrado con ellos, también un grado de amistad nos unía. Amistad para hacer una película en la que, de nuevo, se revelara algo. Sin embargo trabajé también con actores “no profesionales”, de los que no estudiaron ni un curso, ni mucho menos han aparecido en pantalla. Aquello ocurrió por una sola razón, ese personaje en particular no sería realista, no estaría revelado, sin la vivencia, sin la experiencia de la persona. Un actor no alcanzaría a revelar las vivencias de un entrenador de boxeo de verdad. Un actor, pro más preparado que esté, sería incapaz de hacer sentir lo mismo que un entrenador de boxeo haciendo su trabajo cotidiano.

A la hora de escoger a un actor se busca una persona en la que creerá la audiencia. Eso es todo. “Profesional” o no, la clave está en la “verdad” de la pantalla. Uno quiere que la gente crea en la película, eso hará que la película funcione. Actor “Profesional” o no.

Un actor profesional no podría reemplazar a Karamakate de “El Abrazo de la Serpiente”, solo por que una ley lo exige. No se puede ser tan pretencioso, ni hablar de Rodrigo en “Rodrigo D” o Mónica en “La Vendedora de Rosas” (Incluso las diferencias se muestran de manera perfecta en la versión novelada para televisión de la protagonista de la película de Víctor Gaviria). Por otro lado, un actor profesional también asume roles de manera perfecta, no es sino recordar a Joghis Seudin Arías en “La Sirga”, una actriz profesional-profesional, graduada como licenciada en arte dramático.

Jhon Casavettes creía ciegamente en hacer películas con actores profesionales, pero observaba sus vidas y basado en ellas, escribía y reescribía. Lograba una integración de ficción y realidad. Su afán era uno sólo: la verdad. Era y es una elección.

A penas empezamos a hacer cine pensante en nuestro país. A penas empezamos cuestionarnos a través del cine como país, sólo hasta ahora podemos ver que existe un camino que nos lleve al CINE COLOMBIANO y, justo ahora, ¿empezamos a poner palos en la rueda?

Hay que enamorarse de las imágenes, del cine. El cine se vive viéndolo y haciéndolo, no necesita reglas. Cuando las necesitó siempre apareció alguien para romperlas…
Alexander Giraldo
@AlexGiraldo180

 


 

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Guión Cinematográfico: Describiendo: la técnica de escritura de Jean Claude Carriere

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El cine y la realidad: Revisando teorías sobre el realismo de André Bazin y Rudolph Arnheim

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